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Un Levante sin pólvora y sin defensa se deja asaltar por el Alavés

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El Sol se ha hecho un hueco para estar en el Levante-Alavés que a las 13 horas ha congregado a la parroquia granota este sábado.

Un encuentro que presentaba a priori varios atractivos más allá de la condición de “final” que le diera ayer el míster Paco López. El primero, que al salir de titular Roger Martí, el pistolero cumplía su partido número 100 en la máxima categoría del fútbol español. El segundo, aún por ver si se va a cumplir, que Rochina cumplirá 50 partidos oficiales con el Levante en cuanto ponga pie en el verde, pero el 16 se ha quedado en el banquillo.

Enfrente, un Alavés que, apenas sin tiempo para ejercitarse, ha alineado ya al recientemente fichado Víctor Camarasa. Se esperaba el recibimiento que iba a dispensar la grada del Ciutat a quien se empeñó en salir en su día de Orriols por la puerta de atrás.

Y como era de esperar, desde que fue nombrado por la megafonía al dar las alineaciones, el respetable ya dictó su sentencia. Cada vez que tocaba Camarasa el balón, ya en el partido, los silbidos hacían aparición.

El primer tiempo fue de todo menos intenso. El Alavés decidió regalar la iniciativa al equipo local, replegándose atrás por completo, hasta el punto de que la zaga granota jugaba prácticamente en la línea del centro del campo.

El Levante intentó una y otra vez romper la muralla alavesista y las escasa ocasiones en las que lo consiguió, no encontró el remate claro. Sólo Campaña atinó a avisar desde la frontal y Melero de cabeza conectó un remate entre los tres palos que se fue a las manos de Pacheco. El resto fueron disparos lejanos que, en su gran mayoría, fueron por encima del larguero.

Aitor fue un espectador más casi en todo el primer tiempo y solo tuvo que emplearse, con el pecho además, a un disparo de Joselu con algo de criterio.

El ‘comandante’ apenas aparecio, desdibujado pero voluntarioso. Morales no está bien. Aún así, una gran galopada al filo del celebrado minuto 19:09, y un balón al área a media altura que nadie recogió, fueron dos ocasiones ciertas de peligro creadas por él que se perdieron por falta de rematador.

A falta de intensidad en el juego, apareció por momentos el juego bronco, y así ambos equipos intercambiaron sendas tarjetas amarillas. La de Ely, por parte del Alavés, fue merecida en una entrada fea sobre Roger en el centro del campo. La de Melero, por parte del Levante, en un balón perdido que quiso enmendar entrando con el pie por delante a un defensor alavesista.

La segunda mitad comenzó con un Levante más voluntarioso e intenso, con dos ocasiones de peligro casi consecutivas y un córner, pero el primero en dar el susto fue el Alavés. En una pérdida de balón en ataque de los de Paco López, Lucas Pérez se fue en solitario driblando a Cabaco y se cruzó todo el campo para terminar disparando por fuera de la red a la portería defendida por Aitor.

El Levante seguía intentando romper la zaga alavesista y comenzó a acumular ocasiones malogradas por la falta del último pase o el remate. Pero enfrente, el Alavés comenzó a sumar contraataques por pérdidas cada vez más peligrosas de centro del campo y la defensa adelantada del Levante.

En una de ésas, los peores temores se confirmaron. Los jugadores del Levante se quedaron reclamando una supuesta mano cometida por un defensa del Alavés en su área y la continuación de la jugada pilló dormida a la zaga granota, acabando un rápido contraataque Aleix Vidal que batió a un Aitor ya vendido.

El gol en contra sirvió, por lo menos, para despertar a la parroquia que comenzó a protestar. Hasta que Hernani, recién entrado al terreno de juego por Morales, comenzó a galopar y a encender los ánimos de la parroquia, que veía en él la oportunidad de igualar el encuentro. Y es que Roger Martí, a pesar de su acostumbrado pundonor, no las vió ni las cazó. Simplemente desdibujado, como Morales.

Y cierto es que lo intentó. No fue por no correr. Pero la tupida defensa alavesista se empleaba con contundencia conjurando las acometidas, tanto de Hernani como de Bardhi, que más con el corazón que con la cabeza intentaron deshacer el entuerto.

En el 79, Paco López apuró la pólvora que le quedaba en el banquillo dando entrada a Sergio León por Borja Mayoral. Y en la primera jugada, casi golea de un cabezazo, pero Pacheco estaba bien colocado.

Pero las prisas son malas consejeras, ya lo dice el refrán. Los nervios hicieron mella en el conjunto granota y las últimas jugadas fueron una auténtica agonía con todo el público de pie, los jugadores granotas disparando sin espacio y un Alavés que sólo pensaba ya en acortar los minutos como fuera.

De hecho, aún tuvo Aitor la ocasión de erigirse en salvador en una contra asesina de necesidad por parte del Alavés que el bravo portero vasco del Levante conjuró en el mano a mano con Lucas Pérez.

A falta de dos minutos para el tiempo reglamentario, el espectáculo lo puso el técnico visitante, Asier Garitano, sustituyendo a Camarasa. Bien sabía el entrenador alavesista que la grada la iba a montar. Nada mejor para dejar pasar el tiempo.

Y Orriols bramó, más cuando el jugador afrontó el camino a los vestuarios con toda la parsimonia que pudo. Tanta, que el colegiado se vio obligado a mostrarle la tarjeta amarilla.

El último suspiro dio dos saques de esquina extra al Levante que los rematadores no pudieron ni oler, con un Alavés cerrado en defensa en plan muralla infranqueable.

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