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El Villarreal enciende todas las alarmas en el Ciutat con dos goles en el descuento

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Una tarde casi de verano la que nos saludaba en el Ciutat de València este domingo, en un choque entre nuestro Levante y el Villarreal, atractivo por muchos motivos, más allá de la evidente necesidad de sumar de tres de nuevo después de haber caído en Mendizorroza el pasado lunes.

El primero venía, curiosamente, del bando rival, ya que Vicente Iborra volvia a la que fue su casa pero vestido con el uniforme del Villarreal. Se llegó a especular en el mercado de invierno con su posible regreso al Levante pero fue el Submarino Amarillo el que terminó por hacerse con sus servicios. Ha sido bonito ver el recibimiento que le brindaba la afición de Orriols, que siempre le ha profesado un gran cariño al de Moncada, al nombrarlo el speaker.

Todo lo contrario que Jason Remeseiro, defenestrado por parte de la afición y, aunque Paco se ha cansado de pedir apoyo para el jugador, que hasta el final de la presente temporada sigue defendiendo la camiseta azulgrana. Su dorsal ha querido que su nombre haya sido el último en escucharse en la megafonía del estadio y la pitada ha sido más que sonora, casi unánime en el estadio.

El estadio lucía magnífico, con 20.149 almas en las gradas. Se guardaba, ante de comenzar, un minuto de silencio por Fernando Gallart, jugador del Levante UD de 1951 a 1954, recientemente fallecido.

Comenzó el partido con muchas precauciones por ambas partes, si bien el Levante comenzó a visitar con asiduidad las inmediaciones de la portería defendida por Sergio Asenjo.

Al cuarto de hora Roger ya había tenido dos ocasiones claras de gol, pero el ‘pistolero’ anduvo con el punto de mira desviado. En el ’18, Morales se sacó de la chistera un sombrero en la frontal y, a la media vuelta, dio un pase mortal de necesidad a Coke Andújar, que sólo tenía que fusilar a Asenjo, pero el balón se le marcharía un palmo a la izquierda de la portería amarilla. Una jugada preciosa que el Ciutat agradeció con aplauso general.

Al filo de la media hora asistimos al esperpento, una vez más, del VAR. Roger y Morales combinaron en el área granota y el Comandante sacó el esférico a la frontal, donde Rochina disparó al palo corto en un golazo fantástico. Pero el VAR entró de oficio y tras unos interminables minutos en los que la afición se calentaba conforme pasaba el tiempo, Sánchez Martínez acabó anulando el gol por fuera de juego.

La grada ya la emprendió con el trío arbitral y los pitos fueron una constante hasta el final del primer tiempo. Si bien es cierto que los hombres de Paco López intentaron sobreponerse al no-gol, se notó que el componente anímico pesó y mucho, y los últimos minutos languidecieron con el Levante itentando encerrar al Villarreal en el área y el ‘submarino amarillo’ saliendo a la contra en cuanto le dejaban un palmo, afortunadamente sin pólvora en la delantera.

La segunda mitad comenzó con un Villarreal que, durante algunos minutos, pareció desenpolvar viejas costumbres y hasta se acercó con cierta asiduidad a la puerta defendida por Aitor, pero sin inquietar demasiado.

Por el contrario, al Levante le bastó calentarse un poco para volver a encerrar al submarino amarillo prácticamente en su área. Sendos tiros de golpe franco, que parecían diseñados para Enis Bardhi, no fueron para el braco macedonio, que acabaría siendo sustituído entre aplausos de la grada.

El juego granota se volvió más impreciso en esta segunda mitad y, aunque se disfrutó de algunas ocasiones claras, faltó definición. Así, dos remates de Roger no encontraron puerta y, sobre todo, un pase en profundidad a Morales, que no precisó bien el disparo y se fue el remate fuera.

El tiempo pasaba y aunque el Villarreal no terminaba de encontrar el área granota, el Levante tampoco era capaz de sacar provecho de su dominio.

Y en éstas, agotados ya los cambios, y casi conformados al empate, se produjo la hecatombre en el minuto 90. Una jugada tonta acabó con gol sin que defensa y portero fueran capaces de impedir que un disparo sin fuerza, mansamente, acabara en el fondo de las mallas.

El banquillo del Villarreal saltaba eufórico al campo, ni ellos se lo creían. Y más que iban a saltar.

Sin tiempo para nada, aún tuvo una el Levante en el área del Villarreal, en la que se pidió de todo, pero el árbitro no concedió nada.

Pero en el colmo de las injusticias, en el minuto 92, esto es, en la jugada siguiente, una rápida contra del Villarreal acabó con un remate potente de Samu que entraba como un obús en la portería granota. Era el 0-2 y el final de un encuentro que se recordará amargamente por el gol anulado a Rochina a instancias del VAR.

Lo que se presenta ahora es un martirio, tras la tercera derrota consecutiva de los de Paco López. El Levante UD se queda a 5 puntos del descenso, cuya frontera marca el Celta, que está con 25.

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