Inicio Gatos y palmeras Granotahistoria ‘El día que fuimos grandes: 40 años del fichaje de Cruyff por el Levante’ por Yolanda Damià (IV)

‘El día que fuimos grandes: 40 años del fichaje de Cruyff por el Levante’ por Yolanda Damià (IV)

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El 27 de febrero de 1981 Johan Cruyff firmó por el Levante UD. Ese día nuestro Levante UD fue portada de numerosos medios nacionales e internacionales por el fichaje del mito holandés. Quizás por primera vez, -por entonces solo habíamos jugado 2 años en Primera División a finales de los años 60-, el club era noticia. Éramos grandes. Un mito iba a destilar fútbol en el Ciutat de València. Pero ¿cómo recuerdan los levantinistas ese día?

Por eso hoy, 40 años después del día que fuimos grandes, hemos querido preguntar a varios destacados levantinistas que supuso el fichaje de Cruyff por el Levante UD. Así lo recuerda Yolanda Damíà, periodista, socia del Levante, ex jefa de prensa del Levante y actual jefa del Servicio de Programas Deportivos de À Punt:

Desde la atalaya deleitosa que vive el Levante UD en estos momentos, otear el pasado no siempre genera la sonrisa que nos extrae la efeméride que hoy recordamos como “el día que fuimos grandes” con la llegada de Cruyff al conjunto granota.

Hoy que vivimos el presente de forma excelsa, cuando hemos conseguido destruir aquel yunque en el que nos forjamos por una inquebrantable fortaleza que ha revertido nuestra historia en este siglo XXI, llevar la vista atrás nos evoca pocos momentos de felicidad, porque el mayor gozo levantinista es el que vivimos ahora; aunque hoy nos lamentemos de una actuación arbitral que nos impidió conquistar los 3 puntos de la jornada 25 de la máxima categoría del fútbol nacional ante el Athletic Club. ¡Quién nos lo iba a decir aquel invierno de 1981!

Pero este es el Levante UD del siglo XXI, el que casi semanalmente escribe capítulos con letras doradas en su historia. Por ello, desde este faro la mirada atrás no rasga el recuerdo de un pasado vivido, porque el despertar siempre es mejor que cualquier vivencia de ayer.

No obstante, hechos como los hoy evocados nos hace deleitarnos en nuestra historia para valorar el presente e ilustrar a los jóvenes granotas en el orgullo de pertenencia a la familia levantinista.

Olvidaremos un instante que entre la afición azulgrana que quincenalmente se reunía en el entonces Nou Estadi, aquella temporada 80/81 del aterrizaje de Cruyff en la entidad sembraría desengaño, desasosiego e incluso riesgo de supervivencia las siguientes campañas. Dicen que el recuerdo es selectivo y en esta coyuntura de pandemia es mucho más grato centrar nuestra mirada en ese baturrillo de sensaciones que significa bucear en momentos de tu infancia y sonreír.

Por eso, aparcaremos polémicas e informaciones que los excelentes historiadores que disponen ADN levantinista ya han retratado perfectamente en este mismo medio, personalmente aquel febrero de 1981 la nostalgia me lleva a recordar cómo fue ese primer día en que contemplé el Nou Estadi sin cemento porque las gradas estaban invadidas de aficionados al fútbol y medios de comunicación, muchos de ellos, noveles en aquel coliseo erigido entre huerta y acequias. El motivo: la llegada de Johan Cruyff al Levante UD.

Aquellos días para mí Cruyff era el nombre de uno de los dos canarios que teníamos en mi casa (a mis padres siempre le ha gustado tener canarios en casa y en esa época nos deleitaban cada mañana los cánticos de dos de ellos: Krauss, en honor al gran cantante lírico Alfredo Krauss, y Cruyff, en honor al mejor jugador del mundo en ese momento) y, por otra parte, uno de esos futbolistas de un cuadro que colgaba en la salita del hogar con el once del FC Barcelona que fue campeón de Liga a principios de los 70. Aquel póster enmarcado en una casa donde conjugábamos nuestra pasión granota con el agrado futbolístico por la escuadra culé esa era mi imagen de ese “flaco” jugador, de largar piernas y lisa melena.

Con poco más de diez años algunos recuerdos son solo imágenes deslavazadas, recuerdo que el trenet iba lleno y en lugar de hacer trasbordo en Pont de Fusta como algún que otro día, nos apeamos en Benimaclet para caminar entre las acequias y huertos hasta llegar a nuestra senda que esta vez parecía marabunta y casi nos obligaba a ir en fila de uno en uno.

Creo que ese fue uno de los primeros partidos en los que mi hermana pequeña visitaba el estadio, todavía no tenía tres años, pero mi madre, socia del club casi desde que inició su historia de amor con mi padre, no quería perderse el encuentro.

Algo iba a pasar ese día porque el Levante UD llevaba tres días apareciendo en la televisión, en los periódicos… ¿Nuestro Levante en la tele?,

Yo, que gracias al privilegio de cohabitar en el Nou Estadi con periodistas maestros de la pluma como Salva Regües o Vicente Furió barruntaba cómo sería ser periodista, percibía que nuestro equipo estaba siendo rescatado de las trincheras. Oír, leer, ver al Levante en los medios de comunicación era un medidor emocional. Algo grande estaba pasando.

Mi hermano, que vio marchar unos años antes del Levante a su ídolo Magdaleno no imaginaba cómo sería este Cruyff, ¿sería mejor que Latorre? Yo, con unos años más, ya había visto en la televisión que el futbolista holandés hacía cosas muy buenas y además fue jugador del Barça… ¡¡Puf!! El Levante era importante, muy importante.

Y nosotros como Levante que éramos, por ese vínculo invisible que se crea de posesión entre el aficionado y el equipo en el que reside su pasión futbolística, escudriñando en mi desván de la memoria solo recuerdo aquel día de hace 40 años con estas imágenes retratadas y algo descoloridas pero acunadas con la banda sonora que perfectamente conjuga esa canción de Loquillo “cuando fuimos los mejores”. Porque aquel domingo de debut de Cruyff con el Levante, no había duda, “fuimos los mejores”.

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