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El Vallejo, escenario del primer ascenso del Levante UD a Primera

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El Estadio o Campo de Vallejo es uno de esos hitos grabados a fuego en la memoria de los levantinistas, aunque gran parte de los aficionados ni siquiera llegaran a conocerlo. Pero hablamos del terreno de juego en el que el Levante UD consiguió por primera vez ascender a Primera División.

Puerta del Campo de Vallejo, en el número 6 de la calle del Poeta Bodría.
Puerta del Campo de Vallejo, en el número 6 de la calle del Poeta Bodría. En segundo plano se ve un campo de entrenamiento anexo al terreno de juego principal y, al fondo, ya fuera del campo, la iglesia del Carmen, en la calle Alboraya.

Pero Vallejo era inicialmente el estadio del Gimnástico FC, equipo azulgrana fundado en 1910 por Emeterio Muga en el seno del Patronato de la Juventud Obrera, institución dirigida por padres jesuitas con vocación educativa para jóvenes. En 1915, la sección de fútbol del Patronato adquiriría entidad propia gracias al empeño de Amador Sanchis -siguiendo instrucciones del padre Basté-, en forma de club: el Gimnástico Foot-ball Club.

Aquel equipo descarado y dinámico vestía camiseta azulgrana y pantalones blancos y pronto se hicieron con el respeto de los demás equipos de la ciudad, como el Español o el Sagunto -que representaba al barrio del mismo nombre y no a la población del Camp de Morvedre, como podría pensarse-. En pocos años, el campo del Parc de la Petxina se queda pequeño y eso, sumado a las supuestas compras de terceros por parte del Valencia FC -que comienza por entonces a ser el club de la clase acomodada- para decidir campeonatos a su favor, termina decidiendo al club ‘blaugrana’ a cambiar de aires, inaugurando el Campo de la Soledad en 1921.

Pero los buenos resultados obtenidos en los diferentes torneos en los que compite el club, que abre su oferta deportiva a otros deportes como el atletismo, el boxeo, etc., empieza a imponerse la idea de encontrar un espacio en el que poder construir un campo más grande y en el que poder cobijar a todos sus aficionados y deportistas, que van creciendo en número y pasión por el cuadro azulgrana.

En 1923 comienzan las obras de un nuevo campo, junto al Río Turia, cerca del museo de San Pío V -por aquel entonces convertido en almacén de provisiones del Ejército-, y entre los puentes de La Trinidad y el de Serranos. El 22 de julio se inauguraría como ‘Stadium de Vallejo’, aunque popularmente se le llamaba ‘Campo de Vallejo’.

Era un terreno de juego con gradas y campos de entrenamiento flanqueado, por la derecha, por el colegio Pío XII, el convento de las Cristobalinas y más allá, la Parroquia del Carmen de la calle Alboraya y, por la izquierda, por la estación del Pont de Fusta y las vías del ‘trenet’, el asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y la parroquia de Santa Mónica en la calle Sagunto.

Campo de Vallejo. Foto: Levanteud.com
Campo de Vallejo. Foto: Levanteud.com

De la ubicación del campo de Vallejo se tiene constancia por la primera imagen que acompaña este artículo, que sitúa la puerta principal en el número 6 de la calle Poeta Bodría. Gracias a este documento se pudo celebrar el 104 aniversario del club con un homenaje al antiguo estadio de Vallejo colocando una placa cerámica junto al patio del actual número 4 de la calle Poeta Bodría, donde se hallaba dicha puerta.

Mientras tanto, el Levante FC, equipo blanquinegro fundado en 1909 con parte de los jugadores del desaparecido FC Cabañal, había venido jugando, como el FC Valencia, en  la Gran Pista de la gran Exposición Regional. Los del Marítimo llegan apretando fuerte por convertirse en el segundo equipo en importancia de la ciudad, hasta el punto de que en 1925 llegan a conquistar el torneo Regional precisamente por delante del Gimnástico, que en 1926 reciben de manos del rey Alfonso XIII -desde entonces presidente honorario del club- el título de Real pasando a llamarse Real Gimnástico Foot-ball Club.

Pero el carácter semiprofesional del Real Gimnástico y las fuertes sumas de dinero ofrecidas por otros clubes hacen que el club azulgrana comience a perder fuelle y sufra el éxodo de muchos de sus mejores jugadores, empezando una clara decadencia que coincide justo con la creación del Campeonato de Liga por la RFEF. Por si fuera poco, la llegada de la Segunda República en 1931 significa la pérdida del título de Real y, aunque el recuerdo rescata a los azulgranas para medirse en Tercera División, el equipo ya no es el que fue y sigue en decadencia.

La Guerra Civil Española detiene la práctica del fútbol de forma dramática en la ciudad de València, no sin antes protagonizar un último episodio con la celebración de la final de la Copa de la España Libre con un Levante – Valencia que gana el equipo del marítimo, tal y como relatamos en otro artículo de Macholevante.com.

Terminada la contienda, el régimen franquista toma una decisión salomónica al encontrarse un club, el Gimnástico, que cuenta con un campo en propiedad, el Vallejo, pero sin jugadores y otro, el Levante, con jugadores pero sin campo en el que jugar. Nace el Unión Deportiva Levante-Gimnástico que terminará, con el tiempo, por denominarse Levante UD.

Sin embargo, la fusión no estuvo exenta de polémica, sobre todo por el hecho de que los aficionados del Levante procedían del Cabanyal y el desplazamiento hasta el Vallejo era un trastorno para la época. Por otro lado, el hecho de que el Gimnástico estuviera dirigido por personalidades afines al régimen de Franco, mientras que la masa social del Levante era de ideas progresistas y republicanas, constituía una auténtica bomba de relojería que obligó a hacer encaje de bolillos para evitar fricciones. Se dice, no sin razón, que no dejó de ser una claudicación de los vencidos en manos de los vencedores. Tal era la mala imagen del nuevo club entre los aficionados de a pie que la Unión Deportiva Levante – Gimnástico era llamado despectiva el ‘Udelage‘.

Fuera como fuera, el caso es que se mantiene a efectos oficiales y documentales la fecha de fundación del Levante, el más antiguo de los dos, o sea, la de 1909.  La indumentaria pasa a ser entonces de camiseta rojiblanca y pantalones azul marino, aunque pronto se impone la actual azulgrana que conocemos hoy en día. El escudo impuesto por los afines al régimen es igualmente franjirojo incluyendo el yugo y las flechas falangistas y la cruz de Santiago, aunque en apenas dos años se cambiará el escudo por el que conocemos hoy en día, sufriendo a lo largo de los años mínimas variaciones.

La década de los 50 es la del afianzamiento del Levante UD en la Segunda División, tras muchas temporadas como equipo – ascensor, que sube y baja de categoría con gran rapidez. A finales de los 50, de hecho, el Levante ya está bien asentado en Segunda y comienza a soñar con el ascenso a Primera División.

Allá por 1963, el espacio que ahora ocupan las vías del tranvía y un enorme grupo de edificios de fachada blanca -conocido en su día como las ‘fincas de las escaleras’ o ‘la Colmena’- entre las calles Almassora, Pintor Vilar, Alboraia y Convento Carmelitas, fue escenario de la eliminatoria entre el Levante UD y el Deportivo de La Coruña que acabó clasificando al club granota para ascender a Primera División por primera vez en su historia. Una estancia corta, ya que el Levante se mantendría en Primera tan solo dos temporadas. Pero la ilusión ya estaba instalada a orillas del Turia, y aunque tardaría varias décadas, el Levante volvería a donde está hoy, a donde le corresponde: en la élite del fútbol español.

Calpe y Puskas en el Vallejo
Calpe y Puskas en el Vallejo

Allí jugaron ilustres como Calpe, Wanderley, Wilkes, Serafín… Allí fue donde, dicen, se dio la famosa anécdota del gato y la palmera. Hasta el año 1968, año de revueltas estudiantiles y de los primeros síntomas de agotamiento del régimen franquista. Malos tiempos desde el punto de vista económico para el club granota, hasta el punto de que los propietarios de Vallejo dictaron orden de desahucio y hubo que tomar la decisión más dura: abandonar el privilegiado emplazamiento tan cerca del centro de la ciudad para lo que a todas luces en esos momentos se entendió como un auténtico destierro: Orriols.

En plena huerta, al final de una serpenteante y estrecha carretera sin siquiera arcenes, se construyó el que ahora conocemos como Estadi Ciutat de València. En aquellos momentos se eligió como denominación el nombre del presidente que tomó la difícil decisión de la última mudanza del Levante, Antonio Román.

La despedida del coliseo de Poeta Bodría fue sonada. El domingo 28 de abril de 1968, Suárez fue el último en marcar un gol en Vallejo.

Mientras se acababa el nuevo estadio, el Levante UD jugó en ‘el exilio’ del entonces Luis Casanova, el estadio del eterno rival, el Valencia CF, durante la 1968-69, militando en Tercera División -tengamos en cuenta que entonces no existía aún la Segunda División B-. Pero ésa, parafraseando a una voz en off inolvidable, “ya es otra historia”.

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