Morales celebra su gol ante el Villarreal. Foto: Levanteud.com

Dicen los eruditos que en el fútbol, como en la vida, muchas veces el triunfo lo ofrecen los detalles. Y hoy en el Ciutat de València han sido muchos los detalles que merecían que los tres puntos en disputa se quedaran en casa.

El primero de ellos llegaba casi una hora antes de inicio del encuentro del retorno a la élite del Levante UD. Orriols olía a día grande, se sentía el entusiasmo, se percibía la ilusión y se extendían las ganas, las muchas ganas de fútbol en los alrededores del estadio. Llegarían después las largas colas para acceder al coliseo granota. Las medidas de seguridad y la masiva presencia de aficionados provocaron que se formaran largas filas para entrar al campo sin que, por otra parte, se mostrara ningún tipo de nerviosismo o inquietud por parte de los seguidores de uno y otro equipo. Todo lo contrario, eran (éramos) muchos los que aprovechaban el tiempo de espera para fotografiar el exterior de un estadio que se erigía esplendoroso en su vuelta a Primera.



Una vez cruzado el umbral del Ciutat otro detalle generalizado entre los granotas: plasmar en la cámara del teléfono móvil la imagen remodelada, esta vez en su interior, de un estadio que a pesar de sus 48 años (los cumplirá el próximo 9 de septiembre), tras ser acicalado ha quedado coqueto, vistoso, cómodo y resultón con ese poder de seducción que adquieren los lugares que tienen alma (aunque siga proliferando la vieja historia de los fantasmas del Ciutat entre los más veteranos aficionados).

El minuto de silencio y la masiva presencia de aficionados en las gradas provocaba otro imperceptible pero grandioso detalle, uno de esos que se sienten en el interior entre los que peinamos canas y que te pellizca las entrañas cuando miras a tu alrededor y ves a abuelos y nietos a dos y tres generaciones de granotas juntos en pie vistiendo los colores de su equipo de forma orgullosa. Elásticas que, en un alto número, eran blanquinegras, otra valiosísima pincelada con la que, indirectamente se honra a todos aquellos futbolistas y aficionados que vistieron estos mismos colores hace más de 100 años para defender el escudo de nuestro Levante UD (entonces Levante F.C).

El inicio del partido vislumbraba una excelsa tarde-noche, las primera cometidas eran granotas, las ocasiones se volcaban sobre la portería de Orriols, el entusiasmo iba in crescendo. Alguna queja a la actuación arbitral demostraba que la grada respondía entusiasta a las propuestas futbolísticas que la escuadra levantinista proponía.

Los primeros comentarios se dirimían entre la admiración y el elogio hacia futbolistas como Bardhi “quines bones maneres té eixe xiquet”, Morales, Toño, Jason e Iván López en sus subidas por las bandas “la segona part estaran asfixiats”, el magisterio de Lerma barriendo todos los balones a favor de su equipo “està impressionant”, la contundencia de Chema y Postigo (éste último debutante en Primera) que se convertían en los baluartes en la zona de retaguardia donde solo la velocidad y calidad de Bacca inquietaba al Levante UD pero muy de tarde en tarde, porque la melodía del partido sonaba a ritmo granota dentro y fuera del terreno de juego.

“Xé, quina mala sort, hem perdonat massa, ja voràs els groguets en la segona part”…el gen pesimista del levantinismo siempre presente.

Y llegó la segunda parte, pero los detalles se mantenían impolutos para seguir soñando.  Pasaba el tiempo y el Levante seguía mereciendo un triunfo que ambicionaba desde el banquillo, donde Muñiz con sus cambios lanzaba el mensaje a grada y equipo que no le valía el empate ante un conjunto que finalizó quinto la pasada campaña y que, a pesar de sus bajas hoy, dispone de una plantilla altamente competitiva con la que disputará UEFA Europe League esta temporada.

El reloj corría rápido mientras el deleite se bañaba de admiración en las gradas del Ciutat de València. En eso llegó el detalle, el “comandante” Morales en una de sus cabalgadas conseguía llegar casi hasta la línea de fondo y ante de rematar, caía. A estas horas, tras haber podido contemplar ya en imágenes de televisión el penalti, reconozco que tengo dudas, pero ¡qué caray! La liga es larga, a veces tendrás detalles que decanten la balanza a tu favor y otras irán en contra, pero en puntos el duelo Levante-Villarreal tuvo la supremacía granota y la victoria merecía quedarse en casa.

Morales asumió la responsabilidad y la grada estalló cuando el esférico se incrustó en la red. Faltaban cinco minutos y el nerviosismo de esos minutos explotó en éxtasis cuando pasadas las 22 horas de un lunes de agosto el colegiado pitaba el final del encuentro y el Levante UD obtenía sus primeros tres puntos de la temporada, en la primera jornada de liga y ante un rival de competición europea.



Los detalles convirtieron en brillante la noche en que el fervor de la afición y la competitividad mostrada por el equipo nos invitaron a soñar. Esto es solo el comienzo, sufriremos, ganaremos y perderemos, pero con esta actitud el orgullo de pertenencia a la feligresía del Levante UD es inefable.

Y puesto que hablamos de detalle hubo uno insignificante para muchísimos aficionados pero sublime e imborrable para otros, entre los que reconozco se encuentra servidora y fue volver a ver en la tribuna del Ciutat de València después de nuevo años a Ernesto Calpe, el aficionado, no el exfutbolista ni el ex miembro de la secretaria técnica, sino el hermano menor de una dinastía que es parte indisoluble de la historia del Levante UD.  Ernesto sufrió, vibró, se le percibía entre ilusionado, contento y nervioso al inicio del partido pero su sonrisa brilló emocionada y sentida al finalizar el duelo, porque a Ernesto el corazón le late en azulgrana y su cuerpo lleva los genes de un campeón de la Copa de la República (su padre Ernesto) y de un Campeón de Europa que dejó el Real Madrid ye-ye para volver a la división de plata a ayudar al equipo que adora, su hermano Antonio Calpe, quien por cierto, también estuvo presente en la grada en un partido donde el resultado fue el mejor detalle.

 

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