Inicio La contracrónica de Yolanda Damià Derbi ejemplar y ejemplarizante

Derbi ejemplar y ejemplarizante

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El día amaneció sombrío, la jornada otoñal vivida en Valencia horas antes había dejado caer bastante agua sobre nuestra ciudad; pero el sol intentaba hacerse hueco, no quería perderse el derbi del cap i casal, la fiesta que ayer se vivió en el Ciutat de València, porque todo predecía que iba a ser un gran festejo futbolístico.

La semana comenzó con una expectación quizás excesiva. Era solo la quinta jornada, pero tras los primeros resultados de la temporada, la euforia de unos (los granotas) y la ilusión de otros (los valencianistas que después de años de excesivo sufrimiento viven con esperanza la presente temporada) era un estímulo que la prensa (qué importante es el valor de los mensajes periodísticos que se lanzan ante el epílogo de partido de fútbol) intentó avivar, aunque fueron pocos (por suerte) los que intentaron pervertir la rivalidad de dos equipos nacidos en una misma ciudad.

Sin embargo, ayer hubo una lección: la madurez que ambas aficiones evidenciaron, quizás mucho más coherente que algunos panegíricos compañeros periodistas excesivamente fervorosos en sus expresiones.

Los primeros días de la semana evidenciaban que esta vez el derbi de la capital del Turia  sería diferente. Son dos equipos contrincantes, somos dos rivales eternos, pero ambos somos vecinos de una Valencia que ha sufrido demasiadas convulsiones que han dañado nuestra marca de ciudad como para ofrecer desde el ámbito futbolístico más carnaza para los medios nacionales que, por cierto, poco o casi nada han mostrado de la mañana de fútbol ejemplarizante vivida en el Ciutat de Valencia.

Durante la semana hubo piques, merengues (como los mayores de 50 nombran al aficionado valencianista) o chotos (como los denominan los más jóvenes) y otros granotas (que no el despectivo nombre de sapo con que algunos se empecinan en degradar la historia de un club centenario)  mostraban en redes sociales esa rivalidad sin la cual no existiría el fútbol.

Pero eran eso, piques y desafíos de quienes amamos al fútbol como deporte con sus valores de compañerismo, disciplina, esfuerzo pero también con RESPETO. Los entrenadores ayudaron mucho con sus declaraciones, los jugadores fueron excesivamente corteses y hasta se entrelazaban historias como la protagonizada por el apellido Latorre que nos recordaba que, sí, todos somos hijos de una misma tierra. Con estas premisas solo quedaba que llegara el sábado para cumplir ese principio que siempre recomendaba Johan Cruyff a sus jugadores “salid y divertiros”.

Las aficiones estábamos deseosas de “ir al estadio y divertirnos”. Por eso, el ambiente que rodeaba, desde bien entrada la mañana de sábado, el coliseo granota era de civismo, urbanidad, tolerancia y respeto. En los locales de alrededor  del estadio, el almuerzo de unos seguidores junto a la mesa de hinchas del equipo rival se acompañaba con alguna mirada socarrona pero sin rictus desafiantes entre sus comensales.

Conforme se acercaba la hora del partido los nervios comenzaban a enervarse. Las colas para entrar al estadio facilitaban la visibilidad de la amalgama de camisetas blanquinegras con azulgranas, pero había senyeras, muchas, con uno y otro escudo para demostrar que, aunque rivales todos somos todos hijos de Valencia.

Cuando el reloj marcaba las 13:00 horas la salida al terreno de juego de ambas escuadras fue acompañada de una grada con bufandas y banderas al viento que ofrecía una de esas imágenes que deberían ser mostradas en todos esos programas deportivos televisivos que viven únicamente de la crispación y de alentar la rivalidad con conceptos bélicos de guerra, lucha y animadversión.

El salto al campo fue espectacular y emocionante, centenares de imágenes en las redes sociales hoy muestran el colorido. Sí reconozco que no soy objetiva pero no recuerdo (mi memoria tal vez comienza a flaquear) ningún derbi que se saludara desde la grada con tanto entusiasmo. En ese momento el sol ya lucia con el esplendor que merecía la cita futbolera.

El educado minuto de silencio guardado por el Policía nacional fallecido en nuestras calles esta semana y por el padre del referente levantinista que es Raimon, (desde aquí nuestro más profundo pésame a una de las almas que honran la historia reciente de nuestro Levante UD) dio paso al bullicio y a los cánticos siempre inevitables entre los aficionados de uno y otro equipo.

El gol tempranero del Valencia CF y alguna que otra jugada del desorientado auxiliar de la banda de tribuna, lejos de amortiguar la ilusión de los levantinistas la enalteció, porque el Levante UD de J.R. López Muñiz compite, no le importa el rival ni se rinde por un marcador adverso. Todo lo contrario, se engrandece ante la dificultad, lucha incansablemente y a pesar de la lesión (en esos momentos ignorada por la grada) de Lerma, el equipo ofrecía argumentos que mantenían la tensión sobre el terreno de juego y desde el graderío. Mucho quedaba por decir futbolísticamente.

Y así fue, llegaba el gol del empate. El presupuesto del conjunto de Mestalla le permite conjuntar talentosos futbolistas experimentados en lides de altura pero ante, tal vez, mejor técnica, el Levante está ofreciendo esta temporada (y ayer lo volvió a hacer) su incansable nivel competitivo, su permanente capacidad de sacrificio y su ambición, esa que Muñiz ha inculcado magistralmente en la mentalidad de su vestuario.

El Valencia CF quería mostrar su superioridad teórica pero el cancerbero Raúl volvió a evidenciar su excelente momento de forma mostrado ante el Real Madrid y refrendado ayer con hasta 3 ocasiones que pusieron el “ay” en el corazón del aficionado granota. El Valencia disponía de mejores ocasiones que los locales, pero el Levante se defendía e incluso creó sus oportunidades como la gestada cuando parecía que las tablas iban a ser el resultado con el que llegaríamos al descanso, esa a la que no llegó Jason para alterar el marcador.

La segunda parte tuvo un guión similar seguido desde un palco copado de personajes futboleros de nuestra ciudad como el conseller Vicent Marzá o la concejala Maite Girau que ocupaban un lugar de privilegio mientras otros políticos granotas como el portavoz en les Cors del PSPV Manolo Mata o la teniente alcalde Sandra Gómez hacían cola para acceder a su localidad como simple aficionados.

También hubo técnicos, Rubén Baraja y Juande Ramos quien, junto hoy su ayudante, expreparador físico casi dos décadas del Levante UD y exentrenador del filial granota, José Gómez, presenciaban un encuentro en el que el laureado extécnico de Sevilla, Real Madrid o Tottenham entre otros, presenciaba in situ por primera vez al equipo de su amigo y quien fue durante varios años su principal escudero en el Dnipro de Ucrania y anteriormente en su primera etapa como inquilino del banquillo malacitano, Juan Ramón López Muñiz.

El entrenador levantinista tiene Muñiz de Juande en su estilo de juego, los que analizan a uno y otro describen infinidad de similitudes en las características que definen sus equipos, además Muñiz siempre ha alardeado de su relación con quien, casualmente es exentrenador del Levante UD y posee uno de los palmarés más brillantes entre el colectivo de técnicos nacionales con 2 Copas de la UEFA, 1 Supercopa de Europa, 1 Supercopa de España, 1 Copa del Rey y hasta 1 FA CUP en Inglaterra ganada al Chelsea.

No fue el único discípulo con quien Juande se encontró ayer en su retorno al Ciutat de València, José María –Chema- Sanz, miembro del cuerpo técnico de Marcelino en la actualidad, también se inició como profesional en el fútbol de la mano del exentrenador del Sevilla cuando ambos, uno de entrenador y otro de preparador físico, iniciaban sus dilatadas trayectorias profesionales precisamente como miembros del cuerpo técnico de aquel Levante UD de las 13 victorias consecutivas allá por la temporada 1994/95.

Fue una mañana de encuentros, una jornada festiva que, como sucede en muchos derbis, finalizó con un reparto de puntos que permite al Levante UD, equipo que la pasada campaña militaba en la división de plata, mantenerse imbatido en su retorno a Primera, mientras que por otra parte, el Valencia CF también continua sin conocer la derrota en esta liga.

Unos y otros dieron muestra de sus capacidades, ambos adolecen de capacidad goleadora pero las dos escuadras compiten incansablemente y disponen de una ilusionante perspectiva de mejora.

Un crecimiento que será difícil de superar, aunque nuestro deber como aficionados es conseguirlo, para que cada año el derbi del cap i casal esté acompañado del ambiente vivido ayer en la grada en lo que sin duda fue un ejemplo de DEPORTIVIDAD, rivalidad pero educación, respeto y orgullo, no solo del fútbol valenciano, sino del fútbol nacional en la grada (ay mare, qué diría Tebas si esto hubiera pasado en otras ciudades).

Un ambiente que tampoco pasó inadvertido sobre el terreno de juego a tenor de las declaraciones realizadas al final del encuentro por el jugador de Pedreguer del Valencia CF, José Luis Gayá quien así elogió a la afición granota “El ambiente ha sido espectacular. El respeto entre las aficiones es para elogiar. La afición del Levante ha demostrado que es grande”.

Ojalá en la vuelta se repita los condicionantes que permitan la tonalidad de color, ilusión y deportividad que ayer reinó en el Ciutat de València porque como dijo Cruyff, “el fútbol siempre debe ser un espectáculo” ayer lo fue, nuestro rol de hincha es que siga siéndolo, al fin y al cabo, somos hijos de una València que merece dos equipos en Primera.

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