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A madurar nuestro primer punto de inflexión

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El Levante UD retoma la competición tras dos semanas de un tiempo muerto que necesitaba un equipo después de un intenso inicio de temporada envilecido por las dudas generadas tras dos duras derrotas consecutivas.

A veces, el elogio debilita de forma inconsciente. Vivir en la euforia ilusionante puede acarrear ausencia de realismo por eso, tal vez los granotas, desde la afición hasta la plantilla, requeríamos en este inicio de octubre de este parón que nos permitiera resetear nuestros valores después de un inicio de año futbolístico fulgurante.

Al fin y al cabo, el Levante UD es un equipo que sí, en el siglo XXI ha vivido casi más años en Primera que competido en la división de plata, pero esa ilusión no nos puede hacer olvidar queen esta temporada 2017/18 somos una escuadra recién ascendida, con un presupuesto que ocupa el decimonoveno lugar en la clasificación con poco más de 7 millones de euros y que las lesiones han alterado nuestros planes de diseño de sello táctico propio que parecía definido en los albores de la liga. Esa es la realidad. Empatar en el Santiago Bernabéu, rozar la perfección en un sobresaliente encuentro ante una Real Sociedad, que también abrióde forma notable la campaña, quizás, solo quizás, nos obnubilóa todos los levantinistas.

Jefferson Lerma
Jefferson Lerma

Por eso, el encuentro ante el RCD. Espanyol es muy importante, jamás trascendental, pero sí destacado en este momento para endilgar el camino que este equipo va a direccionar a medio plazo. Sí, la octava jornada de liga es nuestro primer punto de inflexión de la temporada.

Y no, no se trata de ser alarmista, reitero lo ya escrito en este portal, faltan casi un centenar de puntos por disputar, el futuro no va a depender de nuestro resultado en el partido ante el conjunto catalán, pero la coyuntura hace que sea precisamente en este momento cuando demostremos y nos demostremos la madurez de nuestra escuadra, club y afición para gestionar con solvencia los momentos de dificultad, esos que serán muchos a lo largo de todo el año futbolístico y donde es fundamental la mentalidad generada para resolverlos.

Son dos derrotas y una lesión, uno de esos reveses que deja impronta en el sistema anímico de un equipo como fue la fatalidad vivida esta misma semana por Iván López, un joven jugador al que el fútbol se empeña en forjarlo en la adversidad y al que desde aquí le trasladamos todo nuestro apoyo en una recuperación que será larga, pero que seguro fraguará en una madurez psicológica que moldeará su madurez en el, seguro, extenso recorrido futbolístico que tiene por delante.

La afición se ha percatado que cohabitar en las alturas es tan dificultoso como recordábamos, asumir con cautela esa realidad no debe subordinar nuestra ilusión, pero sí nos invita a mantener una actitud que debemos gestionar de forma equidistante entre la euforia y la realidad.

También el equipo es consciente de los errores al igual que el cuerpo técnico, una actitud mostrada ydemostrada con las declaraciones llenas de sensatez y experiencia de Juan R. López Muñiz y sus pupilos estos días. Nuestro barco dispone de tripulantes valiosos y de una capitanía experimentada en estas lides, por eso, proyectar todo ello es el escalón que nos requiere ahora la competición para seguir la línea ascendente.

El escenario es atractivo y el rival recordemos que fue nuestro primer contrincante en Primera División allá por los primeros días de septiembre de 1963. Un partido donde la debutante escuadra levantinista se enfrentaría como estreno en la élite ante el equipo de Kubala en un partido que finalizaría con empate a 4 goles con tantos para los granotas de dos jugadores que a lo largo de su trayectoria futbolística se enfundarían la elástica azulgrana y blanquiazul, el “galgo de Vallejo”  (Ernesto Domínguez) y José María Vall quien por cierto, aquella tarde realizaría doblete goleador convirtiéndose además en el primer futbolista del Levante que firmó dos tantos en un partido en la máxima categoría.

Domínguez llegaría al Levante procedente del equipo catalán mientras que Vall marcharía al Espanyol tras su estancia de casi cuatro temporadas como granota. Ambos fueron los primeros goleadores en Primera del Levante UD. Ambos son símbolos de las primeras páginas brillantes del conjunto levantinista y los dos, son muchas las ocasiones, que acuden al hoy Ciutat de València orgullosos de disponer en su haber la pertenencia a la entidad levantina.

Ellos son algunos de los futbolistas que, como hoy la afición, sentimos con orgullo el caminar de nuestro equipo, lo hemos hecho en momentos de conflicto y dificultad, sigamos haciéndolo ahora, mañana, porque pase lo que pase, este equipo dispone de un bagaje que nos sigue invitando a la ensoñación.

 

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